Guía de otoño para plantas de interior

Guía de otoño para plantas de interior

El verano se despide y, con él, llegan los días más cortos, las temperaturas suaves y un cambio progresivo en las condiciones de luz y humedad de nuestros hogares.

Para las plantas de interior, este tránsito no es un detalle menor: muchas especies que han disfrutado de un crecimiento vigoroso durante la primavera y el verano comienzan ahora a ralentizar su actividad y a prepararse para el reposo invernal.

Adaptar los cuidados a esta nueva estación marca la diferencia entre plantas que atraviesan el invierno con salud y otras que llegan a la primavera debilitadas o, directamente, no llegan.

 

Hay menos luz

El descenso de horas de luz es el cambio más determinante del otoño. Aunque el otoño comienza con días todavía razonablemente largos, la reducción lumínica se acentúa semana a semana.

Las plantas que durante el verano se mantenían cómodas en zonas algo alejadas de las ventanas, pueden empezar a mostrar signos de falta de luz: tallos alargados y débiles, hojas más pequeñas de lo habitual, crecimiento detenido o pérdida de variegación.

Este puede ser el caso en especies como la pothos variegada o la Ficus benjamina.

La solución pasa por acercar progresivamente las plantas a las fuentes de luz natural, aprovechando al máximo las horas de sol disponible.

Conviene limpiar las hojas con un paño húmedo para eliminar el polvo acumulado, que actúa como filtro y reduce la capacidad fotosintética.

En zonas con otoños especialmente nublados, puede ser útil complementar con iluminación artificial de espectro adecuado, especialmente para especies exigentes como las suculentas o las plantas de floración invernal.

Es importante, además, tener en cuenta que las ventanas orientadas al sur mantienen una buena luminosidad durante el otoño, mientras que las orientadas al norte pueden volverse demasiado sombrías.

Mover las plantas de una orientación a otra según sus necesidades es una práctica sencilla y muy eficaz.

 

Reduce el riego

Uno de los errores más frecuentes al llegar el otoño es mantener el mismo régimen de riego que en verano.

Con menos luz y temperaturas más frescas, el metabolismo de las plantas se ralentiza, el sustrato tarda más en secarse y la evaporación disminuye.

Regar con la misma frecuencia que en julio o agosto es una vía directa hacia la pudrición de raíces.

La regla de oro es comprobar siempre la humedad del sustrato antes de regar, introduciendo un dedo o un medidor de humedad a varios centímetros de profundidad.

En general, conviene espaciar los riegos y reducir la cantidad de agua en cada uno. Las plantas suculentas y las cactáceas, en particular, deben recibir muy poca agua durante el otoño e invierno.

El tipo de agua también importa: si en verano el agua del grifo se tolera mejor porque las plantas la consumen rápido, en otoño conviene usar agua reposada o filtrada, sobre todo para especies sensibles a la cal como la calathea o la dracaena.

 

Ajusta la humedad ambiental

La llegada del otoño suele coincidir con el encendido de la calefacción en muchas regiones, lo que reduce drásticamente la humedad ambiental del hogar.

Las plantas tropicales, acostumbradas a niveles de humedad elevados, sufren especialmente este cambio: puntas de hojas secas, bordes crujientes y caída de hojas son síntomas habituales.

Para contrarrestarlo, se pueden agrupar las plantas para crear microclimas más húmedos, colocar recipientes con agua cerca de los radiadores o utilizar humidificadores.

Pulverizar las hojas por la mañana, evitando hacerlo por la noche para prevenir hongos, también ayuda.

Las especies más exigentes agradecerán un plato con piedras y agua bajo la maceta, siempre que el fondo de esta no esté en contacto directo con el líquido.

 

Abonado: menos es más

Durante el otoño, la mayoría de las plantas de interior reducen su crecimiento o lo detienen por completo.

Seguir abonando con la misma intensidad que en primavera y verano puede provocar acumulación de sales en el sustrato y dañar las raíces.

Lo recomendable es reducir progresivamente la frecuencia de abonado, espaciando las aplicaciones o diluyendo el fertilizante a la mitad de la dosis habitual.

Hacia finales de otoño, conviene suspender el abonado en la mayoría de las especies hasta la llegada de la primavera.

 

Revisar, limpiar y prevenir plagas

El otoño es un buen momento para hacer una revisión exhaustiva de todas las plantas.

Conviene examinar el envés de las hojas, los tallos y la superficie del sustrato en busca de plagas como araña roja, cochinillas o mosca blanca, que encuentran en los ambientes secos y cálidos del interior un entorno propicio.

Aislar y tratar cualquier foco a tiempo evita que se propague al resto de la colección.

También es el momento de retirar hojas amarillas o secas, limpiar las macetas y, si es necesario, trasplantar aquellas plantas que hayan quedado pequeñas en su contenedor, aprovechando que aún quedan semanas de temperaturas suaves antes del invierno.

 

Traslados y protección

Si algunas plantas pasaron el verano en el exterior, el otoño es el momento de reintroducirlas en casa, pero conviene hacerlo de forma gradual para evitar el shock que supone el cambio brusco de condiciones.

Antes de meterlas, revisar bien que no transporten insectos y adaptarlas progresivamente a la menor luminosidad del interior.

 

El otoño no es una estación de castigo para las plantas de interior, sino un periodo de transición que, bien gestionado, permite que lleguen al invierno en óptimas condiciones.

Ajustar el riego, maximizar la luz disponible, cuidar la humedad ambiental y reducir el abonado son gestos sencillos que marcan una gran diferencia.

Observar las plantas con atención y responder a sus señales es, al final, la mejor herramienta para acompañarlas a través del cambio de estación y asegurar que vuelvan a despertar con fuerza en primavera.

 

Alocasia: cuando lo tropical llega a casa

Alocasia: cuando lo tropical llega a casa

Hay plantas que pasan desapercibidas y otras que, desde el primer vistazo, se convierten en protagonistas absolutas de cualquier espacio. La Alocasia pertenece sin duda a esta segunda categoría.

Con sus hojas enormes, a menudo comparadas con orejas de elefante, esta planta tropical de la familia de las aráceas ha conquistado los interiores de todo el mundo gracias a su presencia escultórica y su aire exótico.

 

Origen y características

El género Alocasia comprende alrededor de 79 especies originarias de las regiones tropicales y subtropicales de Asia y Australia oriental.

En su hábitat natural, estas plantas crecen bajo el dosel forestal, donde reciben luz filtrada y disfrutan de una humedad ambiental constantemente elevada.

Las hojas de la Alocasia son su rasgo más distintivo: grandes, acorazonadas o en forma de flecha, con nervaduras marcadas que a menudo contrastan en color con el limbo.

Algunas variedades presentan tonalidades metálicas o reflejos plateados que las hacen aún más atractivas.

Los pecíolos, largos y robustos, elevan el follaje creando una silueta que recuerda a una escultura vegetal.

 

Los cuidados fundamentales

Luz y ubicación

La Alocasia necesita luz abundante pero indirecta. El sol directo, especialmente el de las horas centrales del día, puede quemar sus hojas y provocar manchas marrones.

Un lugar cerca de una ventana orientada al este u oeste, donde reciba luz tamizada durante varias horas, suele ser ideal.

En invierno, cuando la intensidad luminosa disminuye, conviene acercarla más a la fuente de luz natural.

Riego y humedad

El riego es probablemente el aspecto más delicado en el cuidado de una Alocasia. Estas plantas agradecen un sustrato que se mantenga ligeramente húmedo, pero jamás encharcado.

El exceso de agua provoca pudrición de raíces, mientras que la sequía extrema hace que las hojas pierdan turgencia y se vuelvan crujientes por los bordes.

La clave está en encontrar el equilibrio: regar cuando la capa superior del sustrato comience a secarse, utilizando preferiblemente agua sin cal.

La humedad ambiental es igualmente crucial. La Alocasia prospera con niveles de humedad del 60 al 80%, algo que en interiores calefactados puede resultar difícil de alcanzar.

Pulverizar las hojas regularmente, colocar la maceta sobre un plato con piedras húmedas o usar un humidificador cerca de la planta son estrategias eficaces para compensar la sequedad ambiental.

Temperatura y sustrato

Al ser una planta tropical, la Alocasia no tolera el frío. Temperaturas por debajo de 12°C pueden hacer que entre en reposo y pierda sus hojas.

El rango ideal se sitúa entre 18°C y 27°C, evitando corrientes de aire y cambios bruscos de temperatura.

El sustrato debe ser poroso y con buen drenaje. Una mezcla que incluya perlita, corteza y materia orgánica facilitará que las raíces respiren sin acumular exceso de humedad.

La dormancia invernal: cuando la Alocasia parece morir

Uno de los comportamientos que más desconcierta a quienes cultivan Alocasias por primera vez es su tendencia a entrar en dormancia durante los meses fríos.

La planta pierde progresivamente sus hojas, comenzando por las más antiguas, hasta quedar reducida a poco más que el rizoma.

Este proceso es completamente normal y no indica que la planta esté muriendo. Se trata de una estrategia de supervivencia ante la reducción de luz y temperatura.

Durante este periodo, es fundamental reducir drásticamente el riego y mantener el rizoma en un lugar fresco pero protegido del frío extremo. Cuando las condiciones mejoren en primavera, brotarán nuevas hojas.

 

Plagas y problemas comunes

La araña roja es el enemigo más frecuente de la Alocasia, especialmente en ambientes secos y cálidos. Estos diminutos ácaros se alimentan de la savia y provocan amarilleamiento, punteado y deformación de las hojas.

Mantener una humedad adecuada y revisar periódicamente el envés de las hojas ayuda a prevenir su aparición.

Las cochinillas también pueden afectar a esta planta, manifestándose como pequeñas protuberancias blanquecinas o marrones adheridas a tallos y hojas. Ante cualquier infestación, el aislamiento de la planta afectada y un tratamiento temprano marcan la diferencia.

 

La Alocasia no es una planta para principiantes negligentes, pero tampoco requiere cuidados imposibles.

Quienes aceptan sus exigencias —luz filtrada, humedad constante, temperaturas cálidas y paciencia durante su letargo invernal— encuentran en ella una de las plantas de interior más espectaculares y gratificantes.

Sus hojas monumentales, que evocan selvas remotas, transforman cualquier rincón en un pequeño refugio tropical.

 

Tareas del jardín en septiembre

Tareas del jardín en septiembre

Ya ha comenzado septiembre y ya se va notando que el verano va llegando a su fin.

Los días se acortan, las noches son más frescas y seguramente habremos notado el efecto del verano, con temperaturas extremas, en nuestras plantas y jardín.

Es por eso que septiembre es un buen mes para prestar atención a nuestro jardín y prepararlo para la llegada del otoño.

 

Tareas generales del mes

Abonar. Extenuados por el verano, el jardín en general, los setos, el césped, las plantas de la terraza y el huerto necesitan recibir abono orgánico que les aporte nuevos nutrientes para afrontar la próxima estación.

Plantar. Pásate por tu centro de jardinería y escoge las flores de temporada que llenarán de color tus macetas y arriates. También es buen momento para plantar arbustos perennifolios —madroños, adelfas, laureles, olivos— y coníferas en contenedor, ya sea en solitario o en setos; excava los hoyos y deja que permanezcan abiertos unos 15 días antes de plantar. 

Preparar los parterres. Antes de llevar tus plantas de temporada a los arriates del jardín y los tiestos, o sembrar o plantar en el huerto, prepara la tierra limpiándola de malas hierbas y plantas ornamentales u hortalizas agotadas; desmenuza los terrones, remuévela y revuelve el sustrato con abono orgánico en un abonado de fondo.

 

Árboles, arbustos y trepadoras

Los rosales vuelven a florecer

Muchos rosales brindan una segunda floración desde septiembre al final del otoño. Riégalos de forma regular si no llueve y dales estiércol bien descompuesto, su abono orgánico favorito.

No te descuides con el oídio, la roya y los pulgones, y elimina las flores marchitas y los chupones.

Podar los setos

Los setos de coníferas y de otras perennifolias necesitan un recorte ahora, antes de que las temperaturas se vuelvan más frías. Haz lo mismo con los arbustos topiarios.

Si se trata de una especie bayífera, respeta al máximo los pequeños frutos. Aprovecha para eliminar las ramas más viejas y dañadas. Apórtales abono orgánico —mantillo, humus de lombriz, estiércol— y riégalos bien.

Plantar setos

Si quieres un seto, la segunda quincena de septiembre es buen momento para plantarlos. Abre los hoyos con 15 días de anticipación.

Dividir matas, hacer esquejes

Septiembre es también un mes muy adecuado para multiplicar las plantas por división de matas —por ejemplo de agapanto y áster— o por esquejes —lavanda, weigela, tallos jóvenes de abelia, laurel, agracejo (Berberis)—, con la ventaja de que serán idénticas a las que tienes.

 

Plantas de flor

Planta las flores de temporada

Empieza la época de los crisantemos, ajanias, pensamientos… entre muchas otras plantas de flor que llenarán de color tu jardín y las macetas de tu terraza en otoño e incluso invierno.

También puedes recurrir a algunas anuales de verano, como los coralillos, tagetes, agératos, aliso marítimo, que darán flores hasta que llegue el frío.

 

Plantas de interior

Terapia intensiva posvacaciones

Si a tu vuelta de vacaciones encuentras tus plantas de interior mustias o apagadas, poda las hojas secas o estropeadas y las flores muertas. Sumerge unos minutos la maceta en un cubo con agua hasta que dejen de salir burbujas.

Remueve la superficie del sustrato para que se aireen las raíces (ten cuidado de no dañarlas). Si la maceta es muy grande, escarda el sustrato y renuévalo en parte.

Renueva tu jardín de interior

Reemplaza las plantas irrecuperables con unas nuevas. Los Ficus benjamina y Ficus lyrata, por ejemplo, son fáciles de mantener: asegúrales mucha luz natural y riégalos a demanda: para ello comprueba la humedad de la tierra.

Vuelve a abonarlas

Ya puedes volver a aplicarles fertilizante líquido para plantas verdes disuelto en el agua de riego. No hace tanto calor, así que tendrás que regarlas más espaciadamente, pero siempre de acuerdo a las necesidades de cada planta.

 

Huerto

Tiempo de frutos maduros

En septiembre se cosechan uvas, higos, nueces, frutos del bosque…

También podrás recolectar las últimas peras y manzanas; con la ayuda de una tijera de podar cógelas del árbol unos 10 días antes de que maduren del todo.

Escoge solo la fruta sana y colócala en cajones de madera, que deberás dejar en un sitio oscuro y fresco.

En los bancales están esperando a ser cosechados puerros, apios, pimientos y los últimos pepinos, tomates y calabacines…

Elige días soleados y secos para la recolección: se conservarán mejor.

Un nuevo ciclo de cultivos

Los cultivos de verano dejarán sitio en los bancales a nuevas plantaciones.

Puedes puedes seguir sembrando escarola, puerro, rúcula, zanahoria, nabo, acelga, lechuga de invierno… o trasplantar planteles de col, lombarda y demás hortalizas de invierno.

Blanquea escarolas, apios, cardos y endivias

Para que estas verduras resulten menos amargas no dejes que se pongan verdes. Unos cinco a siete días antes de recogerlas apórcalas, es decir, amontona tierra alrededor de las pencas y cogollos para que no les llegue la luz del sol.

Otra forma de blanquearlas es taparlas con paja o con un tiesto invertido.

 

El césped

Recuperar el césped agostado

Si la hierba ha sufrido con el calor del verano y la falta de agua puedes intentar recuperarla segándola con el corte bajo para que el sol de septiembre llegue hasta las raíces.

Dale abono potásico este mes y en octubre para preparalo para afrontar el estrés del frío.

Seguramente aparecerán calvas, ya que no todas las gramíneas que forman el césped suelen volver a brotar por igual; la resiembra es la solución para repararlas. Utiliza semillas de la misma especie.

A partir de este mes deberás espaciar la siega a dos o tres veces al mes.

También deberás regar menos: unas dos veces por semana.

Aplica un tratamiento antimusgo.

Y recuerda que, todo lo que necesites para poner a punto tus plantas y jardín este mes de septiembre lo encontrarás en nuestro Centro de Jardinería. ¡Te esperamos!

 

Jardinería Sánchez, vive en tu jardín.

 

Protege tus plantas y jardín de las olas de calor

Protege tus plantas y jardín de las olas de calor

El verano y sus altas temperaturas, en especial las tan temidas «olas de calor», ponen a prueba a los seres humanos, nuestras mascotas y, por supuesto, a nuestras plantas y jardín.

Una clave en la protección de nuestras plantas y jardín es la concienciación, es decir, ser conscientes de que en verano y, especialmente, los días más calurosos van a ser duros para nuestras plantas.

Una vez conscientes de la importancia de tomar medidas para proteger y aliviar de la calor a nuestras plantas, es conveniente ponernos manos a la obra. ¿Qué podemos hacer para proteger nuestras plantas y el jardín en general de las altas temperatuas?

El agua es vida para nuestras plantas y, al igual que los seres humanos y los animales tenemos que ingerir mucho más líquido en los meses de más calor, las plantas deben ser regadas con más frecuencia que en otras épocas del año.

 

Cada cuanto regar

La pregunta del millón suele ser: ¿cada cuanto riego mis plantas? Por supuesto, como  cada planta tiene unas características y necesidades distintas, no hay una respuesta general para todas. Pero sí podríamos decir que hay que regar con mucha más frecuencia en verano y muy especialmente los días más calurosos (las llamadas «olas de calor»).

La necesidad de riego dependerá de si la planta es de interior o exterior. De la incidencia de luz solar que recibe al día la planta. ¿Es una planta que está prácticamente todo el día a pleno sol? Entonces es posible que necesite ser regada cada día o cada 2 días.

¿Es una planta ubicada en el interior de nuestro hogar? Las plantas de interior suelen necesitar menos riego que las de exterior. Puede que no necesiten ser regadas a diario, pero será bueno comprobarlo introduciendo el dedo unos 3 centímetros de profundidad en el sustrato, si está húmedo o seco.

Si notamos seco el sustrato habrá que volver a regar. Por último es necesario conocer a nuestras plantas y saber si es una planta que necesita ser regada con mucha frecuencia, con frecuencia normal o muy poco. Un ejemplo serían los cactus o las plantas crasas que no debemos excedernos en absoluto con el riego.

En invierno prácticamente han de se regadas una vez al mes, pero en verano con regarlas una vez a la semana será más que suficiente.

 

Cómo regar nuestras plantas

Si es importante saber cada cuanto hemos de regar nuestras plantas, también lo es saber cómo y cuando hemos de regarlas (y cómo y cuando no hacerlo)

La humedad excesiva de las raíces es como veneno para nuestras plantas, sobretodo las de interior, así que es conveniente asegurarnos de que están en una maceta que drene bien. Para ello podemos introducir grava en la base, debajo de la tierra, para que el agua no se estanque y termine pudriendo las raíces y matando a la planta. Otra buena técnica para regar las plantas de interior es el riego por absorción, es decir, regar empapando el plato con agua dejando que la planta absorva el agua que necesita.

Podemos aportar un extra de humedad a nuestras plantas de interior pulverizando con agua las hojas. Este hábito que también es recomendable hacer incluso en pleno invierno para compensar la sequedad que ocasionan las calefacciones en las estancias, es muy útil en los meses de más calor.

No obstante hay que tener en cuenta que no todas las plantas de interior han de ser pulverizadas. Algunas son muy sensibles a la humedad y fácilmente desarrollan enfermedades derivadas por hongos, o bien sus hojas se manchan tras ser pulverizadas.

Algunas de las plantas de interior que no han de pulverizarse son: la violeta africana, la yuca, la dracena, pie de elefante y las suculentas en general.

 

Cuando regar

En la cuestión de cuando regar nuestras plantas en verano y, sobretodo, en esos días más calurosos del año, podemos ser más categóricos. Nunca hay que regar en las horas centrales del día, y esto es así por diversos motivos. El primero y más importante porque el efecto del agua y el sol hará que las hojas y flores se quemen. Aun si cuando regamos vamos con cuidado de no mojar las hojas y flores (algo no siempre fácil si utilizamos una manguera), regar a pleno sol en días calurosos es mucho menos efectivo, ya que buena parte del agua aportada se evaporará por efecto de la calor.

La mejor hora para regar nuestras plantas en pleno verano es al atardecer, cuando el sol ya se pone y la calor da un respiro. Es entonces cuando podemos regar e incluso rociar tranquilamente las hojas con agua para refrescar a nuestras plantas sin peligro alguno.

Esto es también aplicable al riego del césped. Si usamos riego por aspersión, es buena idea utilizar un programador que inicie el riego a partir del atardecer, cuando el sol comienza a ponerse.

Siguiendo estos sencillos consejos podemos estar tranquilos de que nuestras plantas, aún en los días más calurosos del año, estarán bien protegidas y sanas.

 

 

 

Cómo ahorrar agua en tu jardín

Cómo ahorrar agua en tu jardín

El agua es un recurso esencial para la vida, y en nuestros jardines podemos tomar medidas para ahorrar este valioso recurso y contribuir al cuidado del medio ambiente. 

El riego de jardines puede ser una fuente significativa de consumo de agua, pero con algunos cambios simples en nuestras prácticas de jardinería, podemos reducir nuestro consumo de agua sin comprometer la belleza y la salud de nuestras plantas. 

A continuación, presentamos algunos consejos prácticos para ahorrar agua en el jardín.

 

Escoge plantas nativas y resistentes a la sequía

Optar por plantas nativas y especies resistentes a la sequía es una excelente manera de reducir la necesidad de riego constante. Estas plantas están adaptadas a las condiciones locales y, una vez establecidas, requerirán menos agua para sobrevivir.

Investiga sobre las especies autóctonas de tu región y elige aquellas que sean adecuadas para tu tipo de suelo y clima. Además, agrupa las plantas con necesidades similares de riego para aprovechar mejor el agua.

 

Aprovecha el mulching

El mulching es una técnica que consiste en cubrir el suelo alrededor de las plantas con una capa de material orgánico, como hojas secas, paja o astillas de madera. Esta capa actúa como aislante, evitando la evaporación del agua y manteniendo la humedad en el suelo por más tiempo.

Además, el mulching también ayuda a controlar las malas hierbas, lo que reduce la competencia por el agua. Asegúrate de mantener una capa de mulch de aproximadamente 5-8 cm de espesor alrededor de tus plantas.

 

Riega en los momentos adecuados

El momento en el que riegas tus plantas puede marcar una gran diferencia en la cantidad de agua utilizada. Evita regar durante las horas más calurosas del día, como al mediodía, cuando la evaporación es más alta.

En su lugar, riega temprano en la mañana o al final de la tarde, cuando la temperatura es más baja y el agua puede penetrar en el suelo de manera más eficiente. Además, evita el riego excesivo y verifica si las plantas realmente necesitan agua antes de regar.

 

Utiliza sistemas de riego eficientes

El uso de sistemas de riego eficientes es clave para ahorrar agua en el jardín. Considera la instalación de un sistema de riego por goteo, que proporciona agua directamente a las raíces de las plantas de manera gradual y controlada.

Este método reduce significativamente la evaporación y el desperdicio de agua. Si utilizas aspersores, asegúrate de que estén correctamente ajustados y no estén rociando áreas no deseadas, como aceras o paredes.

 

Reutiliza el agua de lluvia

Recoger y reutilizar el agua en el jardín es una excelente manera de ahorrar recursos y reducir tu consumo de agua potable. Algunos consejos para conseguirlo son instalar un sistema de recolección de agua de lluvia. Coloca barriles o tanques de recolección en puntos estratégicos de tu propiedad para recoger el agua de lluvia.

Puedes conectar los desagües de los canalones de tu tejado directamente a estos recipientes para maximizar la captación de agua. Utiliza un filtro para el agua recolectada: Instala un filtro en tu sistema de recolección de agua de lluvia para evitar la acumulación de hojas, escombros u otros residuos en el agua almacenada. Esto garantizará que el agua esté limpia y lista para ser utilizada en tu jardín.

Utiliza el agua recolectada de manera eficiente: Puedes utilizar regaderas, mangueras o sistemas de riego por goteo para distribuir el agua de manera eficiente y controlada. Evita regar en exceso y ajusta la frecuencia y duración del riego según las necesidades de tus plantas.

Prioriza el uso del agua de lluvia en plantas sensibles: Si tienes plantas que requieren un riego más cuidadoso y específico, como plantas de macetas o especies delicadas, utiliza el agua recolectada de lluvia para estas plantas en particular. De esta manera, podrás optimizar el uso del agua potable en otras áreas del jardín.

Además del riego, puedes utilizar el agua recolectada de lluvia para otras tareas de jardinería, como llenar fuentes, estanques o lavar herramientas de jardín. Asegúrate de utilizarla de manera eficiente y evitar el desperdicio.

 

Mantenimiento de tuberías

Las fugas en las tuberías o mangueras pueden desperdiciar una gran cantidad de agua. Asegúrate de reparar cualquier fuga de inmediato para evitar el desperdicio y ahorrar agua.

Siguiendo estos sencillos consejos, puedes ahorrar agua en tu jardín sin sacrificar la belleza y salud de tus plantas. Además, al reducir el consumo de agua en el jardín, también estarás haciendo tu parte para preservar este recurso vital y proteger el medio ambiente.

 

Un verano sin mosquitos

Un verano sin mosquitos

Con el verano, además del sofocante calor llegan los molestos mosquitos. Hay diversas maneras de deshacerse de estos molestos visitantes veraniegos.

Hoy te proponemos algunas maneras totalmente ecológicas, naturales y efectivas de ahuyentar a los molestos mosquitos.

 

Plantas antimosquitos

Melissa officinalis

Esta planta tiene una hoja parecida a la menta pero un poco más redondeada y con olor a limón, que repele a los insectos.

La Melissa es una planta que se utiliza para uso culinario y también medicinal.

Albahaca minimum

Esta planta es una variedad de la albahaca culinaria o basílico, por lo que tiene el sabor y olor de la albahaca pero con una hoja mucho más pequeña. Es una planta anual.

También encontramos un olor cítrico que repele a los mosquitos.

Geranio antimosquitos

Esta variedad de geranio (Pelargonium graveolens) se caracteriza por su intenso olor a limón. Esto se debe a cierto contenido que tiene la planta en citronelol, uno de los principales ingredientes del aceite de citronela.

Esta esencia contenida también en la melissa y la albahaca es la principal responsable de que los mosquitos se mantengan alejados de la planta así como de las personas cercanas a la misma.

En lo que se refiere a su mantenimiento, estamos ante una planta muy fácil de cuidar.

 

Cuidados de las plantas antimosquitos

En general, las plantas antimosquitos son fáciles de cuidar. Sus cuidados básicos son:

Exposición

Necesitan mucha luz. La albahaca minimun, concretamente, necesitaría una semisombra, las demás deben estar al sol unas cuatro horas mínimo al día.

Si cultivamos plantas antimosquitos en el interior, deberíamos buscar una ubicación muy luminosa.

Riego

Las plantas aromáticas y culinarias (que es lo que son la mayoría de las plantas antimosquitos), no necesitan mucha agua para vivir. No obstante, en verano, conforme las temperaturas aumentan, también deberán aumentar la frecuencia de riego, sobretodo si está cultivada en maceta ya que el cepellón se seca mucho antes.

Abono

Es recomendable abonar con un abono específico para las plantas aromáticas y culinarias.

Plagas y enfermedades

Si aparecen plagas o enfermedades en nuestras plantas culinarias y tenemos que tratarlas con un insecticida o funguicida, siempre deberemos dejar unos días o unas semanas antes de recoger la hoja para consumirla.

El plazo dependerá del tiempo que estemos aplicando el fitosanitario a la planta. Esto nos viene indicado en la etiqueta. Técnicamente se conoce como plazo de seguridad.

 

Otros remedios antimosquitos

Espirales antimosquitos

Existen espirales antimosquitos (como las que tenemos a la venta de la casa Zum) que son ideales para poder estar en el exterior, ya sea la terraza o el jardín de una manera lo más tranquila posible.

Es un producto nada molesto que desprende un olor que evita que los mosquitos detecten nuestra presencia. Por esta razón se llaman espirales invisibilizadoras. En resumen, los mosquitos no nos huelen, por lo que no nos pican.

Una espiral encendida tiene un efecto sobre unos 35 m2. Esta superficie nos permitirá disfrutar de una cena tranquilamente.

Aceite para antorchas antimosquitos

Se trata de un líquido que se usa para el encendido y alumbrado de antorchas, lámparas de aceite y quinqués, a la vez que protege de mosquitos. Adecuado para usar en el exterior: jardines o terrazas.

Este aceite lleva esencia de citronela, la cual actúa como repelente natural contra el mosquito común, mosquito tigre y otros insectos, proporcionando un agradable olor a limón en terrazas y jardines.

Gel antimosquitos

Este producto también lleva esencia de citronela, por lo que es otro remedio natural y efectivo para ahuyentar a los mosquitos y otros insectos de nuestra presencia.

En este caso se trata de un producto en forma de gel, que aporta un ambiente sano y agradable y que perdura durante horas. Se puede utilizar tanto en interior como en exterior.

Es muy fácil y limpio de utilizar. Solo tenemos que abrir la tapa y dejar que el producto se volatilice haciendo su efecto.

 

Todos estos remedios naturales y efectivos los podrás encontrar en nuestro Centro de Jardinería Sánchez.

¡Y líbrate de los molestos mosquitos este verano!