Cuando el mes de febrero parece sumido en el letargo gris del invierno, la naturaleza nos regala uno de sus espectáculos más vibrantes: la floración de la Mimosa (Acacia dealbata).

Este árbol, originario de Australia pero plenamente integrado en nuestros paisajes mediterráneos y atlánticos, es el auténtico mensajero de la primavera.

Sus pompones amarillos no solo aportan luz al jardín, sino que desprenden un aroma dulce y delicado que es capaz de cambiar el ánimo de cualquier jardinero.

 

Características de la mimosa

La Acacia dealbata es un árbol de crecimiento extremadamente rápido, lo cual es una ventaja si buscamos sombra o cobertura en poco tiempo.

Su follaje es perenne, con hojas de un color verde grisáceo o plateado (de ahí su nombre dealbata, que significa «blanqueada») y una textura plumosa muy elegante.

Sin embargo, su verdadero valor reside en su inflorescencia. Las flores aparecen en racimos compuestos por pequeñas esferas amarillas similares a pompones de algodón.

Es una planta que ofrece una floración temprana y masiva, cubriendo prácticamente toda la copa del árbol y convirtiéndolo en una antorcha dorada que destaca a kilómetros.

 

Cuidados fundamentales

Aunque es una planta «agradecida», para que una mimosa luzca en todo su esplendor y no nos dé problemas a largo plazo, debemos tener en cuenta ciertos aspectos técnicos explicados de forma sencilla:

Ubicación y luz

La Mimosa es una amante incondicional del sol. Necesita una exposición directa para florecer con generosidad. Además, es vital plantarla en un lugar resguardado del viento fuerte. Sus ramas son relativamente frágiles y, debido a su rápido crecimiento, una ráfaga violenta podría desgajar parte de la estructura.

El suelo

La mimosa prefiere suelos ligeros, profundos y, sobre todo, no calizos. Si el suelo de tu jardín tiene mucha cal, las hojas empezarán a amarillear (clorosis férrica) y el árbol se debilitará.

Si este es tu caso, asegúrate de aportar quelatos de hierro o plantarla con sustrato para plantas ácidas.

Riego y abonado

Durante los dos primeros años, el riego debe ser regular para que el sistema radicular se asiente. Una vez establecida, es muy resistente a la sequía.

En cuanto al abonado, no requiere grandes dosis de nitrógeno (ella misma lo fija en el suelo), pero un aporte de abono orgánico o compost a finales del invierno le vendrá de maravilla.

 

El mantenimiento: la poda es la clave

Muchos aficionados cometen el error de no podar la mimosa, dejando que crezca sin control. Dado que crece tan rápido, su madera no siempre es muy densa.

Por ello, es recomendable realizar una poda de formación y limpieza justo después de que termine la floración.

Consejo práctico: Nunca podes en otoño o invierno, ya que estarías eliminando las yemas que se convertirán en flores en febrero. Espera a que el amarillo se apague y entonces recorta las ramas largas para mantener una copa compacta y aireada.

 

Precauciones a tener en cuenta

La mimosa es una planta colonizadora. Tiene una gran capacidad para rebrotar de raíz y sus semillas son muy resistentes.

Si tienes un jardín pequeño, lo ideal es optar por variedades injertadas sobre Acacia retinodes, que son menos agresivas y toleran mejor la cal, o cultivarla en macetones grandes donde podamos controlar su expansión.

En definitiva, la Acacia dealbata es la elección perfecta para quienes buscan un jardín con personalidad, que no tema al frío y que quiera ser el primero en anunciar que la primavera está a la vuelta de la esquina.