24 Sep, 2026 | Plantas y Jardín
El verano se despide y, con él, llegan los días más cortos, las temperaturas suaves y un cambio progresivo en las condiciones de luz y humedad de nuestros hogares.
Para las plantas de interior, este tránsito no es un detalle menor: muchas especies que han disfrutado de un crecimiento vigoroso durante la primavera y el verano comienzan ahora a ralentizar su actividad y a prepararse para el reposo invernal.
Adaptar los cuidados a esta nueva estación marca la diferencia entre plantas que atraviesan el invierno con salud y otras que llegan a la primavera debilitadas o, directamente, no llegan.
Hay menos luz
El descenso de horas de luz es el cambio más determinante del otoño. Aunque el otoño comienza con días todavía razonablemente largos, la reducción lumínica se acentúa semana a semana.
Las plantas que durante el verano se mantenían cómodas en zonas algo alejadas de las ventanas, pueden empezar a mostrar signos de falta de luz: tallos alargados y débiles, hojas más pequeñas de lo habitual, crecimiento detenido o pérdida de variegación.
Este puede ser el caso en especies como la pothos variegada o la Ficus benjamina.
La solución pasa por acercar progresivamente las plantas a las fuentes de luz natural, aprovechando al máximo las horas de sol disponible.
Conviene limpiar las hojas con un paño húmedo para eliminar el polvo acumulado, que actúa como filtro y reduce la capacidad fotosintética.
En zonas con otoños especialmente nublados, puede ser útil complementar con iluminación artificial de espectro adecuado, especialmente para especies exigentes como las suculentas o las plantas de floración invernal.
Es importante, además, tener en cuenta que las ventanas orientadas al sur mantienen una buena luminosidad durante el otoño, mientras que las orientadas al norte pueden volverse demasiado sombrías.
Mover las plantas de una orientación a otra según sus necesidades es una práctica sencilla y muy eficaz.
Reduce el riego
Uno de los errores más frecuentes al llegar el otoño es mantener el mismo régimen de riego que en verano.
Con menos luz y temperaturas más frescas, el metabolismo de las plantas se ralentiza, el sustrato tarda más en secarse y la evaporación disminuye.
Regar con la misma frecuencia que en julio o agosto es una vía directa hacia la pudrición de raíces.
La regla de oro es comprobar siempre la humedad del sustrato antes de regar, introduciendo un dedo o un medidor de humedad a varios centímetros de profundidad.
En general, conviene espaciar los riegos y reducir la cantidad de agua en cada uno. Las plantas suculentas y las cactáceas, en particular, deben recibir muy poca agua durante el otoño e invierno.
El tipo de agua también importa: si en verano el agua del grifo se tolera mejor porque las plantas la consumen rápido, en otoño conviene usar agua reposada o filtrada, sobre todo para especies sensibles a la cal como la calathea o la dracaena.

Ajusta la humedad ambiental
La llegada del otoño suele coincidir con el encendido de la calefacción en muchas regiones, lo que reduce drásticamente la humedad ambiental del hogar.
Las plantas tropicales, acostumbradas a niveles de humedad elevados, sufren especialmente este cambio: puntas de hojas secas, bordes crujientes y caída de hojas son síntomas habituales.
Para contrarrestarlo, se pueden agrupar las plantas para crear microclimas más húmedos, colocar recipientes con agua cerca de los radiadores o utilizar humidificadores.
Pulverizar las hojas por la mañana, evitando hacerlo por la noche para prevenir hongos, también ayuda.
Las especies más exigentes agradecerán un plato con piedras y agua bajo la maceta, siempre que el fondo de esta no esté en contacto directo con el líquido.
Abonado: menos es más
Durante el otoño, la mayoría de las plantas de interior reducen su crecimiento o lo detienen por completo.
Seguir abonando con la misma intensidad que en primavera y verano puede provocar acumulación de sales en el sustrato y dañar las raíces.
Lo recomendable es reducir progresivamente la frecuencia de abonado, espaciando las aplicaciones o diluyendo el fertilizante a la mitad de la dosis habitual.
Hacia finales de otoño, conviene suspender el abonado en la mayoría de las especies hasta la llegada de la primavera.
Revisar, limpiar y prevenir plagas
El otoño es un buen momento para hacer una revisión exhaustiva de todas las plantas.
Conviene examinar el envés de las hojas, los tallos y la superficie del sustrato en busca de plagas como araña roja, cochinillas o mosca blanca, que encuentran en los ambientes secos y cálidos del interior un entorno propicio.
Aislar y tratar cualquier foco a tiempo evita que se propague al resto de la colección.
También es el momento de retirar hojas amarillas o secas, limpiar las macetas y, si es necesario, trasplantar aquellas plantas que hayan quedado pequeñas en su contenedor, aprovechando que aún quedan semanas de temperaturas suaves antes del invierno.
Traslados y protección
Si algunas plantas pasaron el verano en el exterior, el otoño es el momento de reintroducirlas en casa, pero conviene hacerlo de forma gradual para evitar el shock que supone el cambio brusco de condiciones.
Antes de meterlas, revisar bien que no transporten insectos y adaptarlas progresivamente a la menor luminosidad del interior.
El otoño no es una estación de castigo para las plantas de interior, sino un periodo de transición que, bien gestionado, permite que lleguen al invierno en óptimas condiciones.
Ajustar el riego, maximizar la luz disponible, cuidar la humedad ambiental y reducir el abonado son gestos sencillos que marcan una gran diferencia.
Observar las plantas con atención y responder a sus señales es, al final, la mejor herramienta para acompañarlas a través del cambio de estación y asegurar que vuelvan a despertar con fuerza en primavera.
17 Sep, 2026 | Plantas y Jardín
Hay plantas que pasan desapercibidas y otras que, desde el primer vistazo, se convierten en protagonistas absolutas de cualquier espacio. La Alocasia pertenece sin duda a esta segunda categoría.
Con sus hojas enormes, a menudo comparadas con orejas de elefante, esta planta tropical de la familia de las aráceas ha conquistado los interiores de todo el mundo gracias a su presencia escultórica y su aire exótico.
Origen y características
El género Alocasia comprende alrededor de 79 especies originarias de las regiones tropicales y subtropicales de Asia y Australia oriental.
En su hábitat natural, estas plantas crecen bajo el dosel forestal, donde reciben luz filtrada y disfrutan de una humedad ambiental constantemente elevada.
Las hojas de la Alocasia son su rasgo más distintivo: grandes, acorazonadas o en forma de flecha, con nervaduras marcadas que a menudo contrastan en color con el limbo.
Algunas variedades presentan tonalidades metálicas o reflejos plateados que las hacen aún más atractivas.
Los pecíolos, largos y robustos, elevan el follaje creando una silueta que recuerda a una escultura vegetal.
Los cuidados fundamentales
Luz y ubicación
La Alocasia necesita luz abundante pero indirecta. El sol directo, especialmente el de las horas centrales del día, puede quemar sus hojas y provocar manchas marrones.
Un lugar cerca de una ventana orientada al este u oeste, donde reciba luz tamizada durante varias horas, suele ser ideal.
En invierno, cuando la intensidad luminosa disminuye, conviene acercarla más a la fuente de luz natural.
Riego y humedad
El riego es probablemente el aspecto más delicado en el cuidado de una Alocasia. Estas plantas agradecen un sustrato que se mantenga ligeramente húmedo, pero jamás encharcado.
El exceso de agua provoca pudrición de raíces, mientras que la sequía extrema hace que las hojas pierdan turgencia y se vuelvan crujientes por los bordes.
La clave está en encontrar el equilibrio: regar cuando la capa superior del sustrato comience a secarse, utilizando preferiblemente agua sin cal.
La humedad ambiental es igualmente crucial. La Alocasia prospera con niveles de humedad del 60 al 80%, algo que en interiores calefactados puede resultar difícil de alcanzar.
Pulverizar las hojas regularmente, colocar la maceta sobre un plato con piedras húmedas o usar un humidificador cerca de la planta son estrategias eficaces para compensar la sequedad ambiental.
Temperatura y sustrato
Al ser una planta tropical, la Alocasia no tolera el frío. Temperaturas por debajo de 12°C pueden hacer que entre en reposo y pierda sus hojas.
El rango ideal se sitúa entre 18°C y 27°C, evitando corrientes de aire y cambios bruscos de temperatura.
El sustrato debe ser poroso y con buen drenaje. Una mezcla que incluya perlita, corteza y materia orgánica facilitará que las raíces respiren sin acumular exceso de humedad.

La dormancia invernal: cuando la Alocasia parece morir
Uno de los comportamientos que más desconcierta a quienes cultivan Alocasias por primera vez es su tendencia a entrar en dormancia durante los meses fríos.
La planta pierde progresivamente sus hojas, comenzando por las más antiguas, hasta quedar reducida a poco más que el rizoma.
Este proceso es completamente normal y no indica que la planta esté muriendo. Se trata de una estrategia de supervivencia ante la reducción de luz y temperatura.
Durante este periodo, es fundamental reducir drásticamente el riego y mantener el rizoma en un lugar fresco pero protegido del frío extremo. Cuando las condiciones mejoren en primavera, brotarán nuevas hojas.
Plagas y problemas comunes
La araña roja es el enemigo más frecuente de la Alocasia, especialmente en ambientes secos y cálidos. Estos diminutos ácaros se alimentan de la savia y provocan amarilleamiento, punteado y deformación de las hojas.
Mantener una humedad adecuada y revisar periódicamente el envés de las hojas ayuda a prevenir su aparición.
Las cochinillas también pueden afectar a esta planta, manifestándose como pequeñas protuberancias blanquecinas o marrones adheridas a tallos y hojas. Ante cualquier infestación, el aislamiento de la planta afectada y un tratamiento temprano marcan la diferencia.
La Alocasia no es una planta para principiantes negligentes, pero tampoco requiere cuidados imposibles.
Quienes aceptan sus exigencias —luz filtrada, humedad constante, temperaturas cálidas y paciencia durante su letargo invernal— encuentran en ella una de las plantas de interior más espectaculares y gratificantes.
Sus hojas monumentales, que evocan selvas remotas, transforman cualquier rincón en un pequeño refugio tropical.
1 Sep, 2026 | Agenda del jardín, Plantas y Jardín
Ya ha comenzado septiembre y ya se va notando que el verano va llegando a su fin.
Los días se acortan, las noches son más frescas y seguramente habremos notado el efecto del verano, con temperaturas extremas, en nuestras plantas y jardín.
Es por eso que septiembre es un buen mes para prestar atención a nuestro jardín y prepararlo para la llegada del otoño.
Tareas generales del mes
Abonar. Extenuados por el verano, el jardín en general, los setos, el césped, las plantas de la terraza y el huerto necesitan recibir abono orgánico que les aporte nuevos nutrientes para afrontar la próxima estación.
Plantar. Pásate por tu centro de jardinería y escoge las flores de temporada que llenarán de color tus macetas y arriates. También es buen momento para plantar arbustos perennifolios —madroños, adelfas, laureles, olivos— y coníferas en contenedor, ya sea en solitario o en setos; excava los hoyos y deja que permanezcan abiertos unos 15 días antes de plantar.
Preparar los parterres. Antes de llevar tus plantas de temporada a los arriates del jardín y los tiestos, o sembrar o plantar en el huerto, prepara la tierra limpiándola de malas hierbas y plantas ornamentales u hortalizas agotadas; desmenuza los terrones, remuévela y revuelve el sustrato con abono orgánico en un abonado de fondo.
Árboles, arbustos y trepadoras
Los rosales vuelven a florecer
Muchos rosales brindan una segunda floración desde septiembre al final del otoño. Riégalos de forma regular si no llueve y dales estiércol bien descompuesto, su abono orgánico favorito.

No te descuides con el oídio, la roya y los pulgones, y elimina las flores marchitas y los chupones.
Podar los setos
Los setos de coníferas y de otras perennifolias necesitan un recorte ahora, antes de que las temperaturas se vuelvan más frías. Haz lo mismo con los arbustos topiarios.
Si se trata de una especie bayífera, respeta al máximo los pequeños frutos. Aprovecha para eliminar las ramas más viejas y dañadas. Apórtales abono orgánico —mantillo, humus de lombriz, estiércol— y riégalos bien.
Plantar setos
Si quieres un seto, la segunda quincena de septiembre es buen momento para plantarlos. Abre los hoyos con 15 días de anticipación.
Dividir matas, hacer esquejes
Septiembre es también un mes muy adecuado para multiplicar las plantas por división de matas —por ejemplo de agapanto y áster— o por esquejes —lavanda, weigela, tallos jóvenes de abelia, laurel, agracejo (Berberis)—, con la ventaja de que serán idénticas a las que tienes.
Plantas de flor
Planta las flores de temporada
Empieza la época de los crisantemos, ajanias, pensamientos… entre muchas otras plantas de flor que llenarán de color tu jardín y las macetas de tu terraza en otoño e incluso invierno.

También puedes recurrir a algunas anuales de verano, como los coralillos, tagetes, agératos, aliso marítimo, que darán flores hasta que llegue el frío.
Plantas de interior
Terapia intensiva posvacaciones
Si a tu vuelta de vacaciones encuentras tus plantas de interior mustias o apagadas, poda las hojas secas o estropeadas y las flores muertas. Sumerge unos minutos la maceta en un cubo con agua hasta que dejen de salir burbujas.
Remueve la superficie del sustrato para que se aireen las raíces (ten cuidado de no dañarlas). Si la maceta es muy grande, escarda el sustrato y renuévalo en parte.
Renueva tu jardín de interior
Reemplaza las plantas irrecuperables con unas nuevas. Los Ficus benjamina y Ficus lyrata, por ejemplo, son fáciles de mantener: asegúrales mucha luz natural y riégalos a demanda: para ello comprueba la humedad de la tierra.

Vuelve a abonarlas
Ya puedes volver a aplicarles fertilizante líquido para plantas verdes disuelto en el agua de riego. No hace tanto calor, así que tendrás que regarlas más espaciadamente, pero siempre de acuerdo a las necesidades de cada planta.
Huerto
Tiempo de frutos maduros
En septiembre se cosechan uvas, higos, nueces, frutos del bosque…
También podrás recolectar las últimas peras y manzanas; con la ayuda de una tijera de podar cógelas del árbol unos 10 días antes de que maduren del todo.
Escoge solo la fruta sana y colócala en cajones de madera, que deberás dejar en un sitio oscuro y fresco.
En los bancales están esperando a ser cosechados puerros, apios, pimientos y los últimos pepinos, tomates y calabacines…
Elige días soleados y secos para la recolección: se conservarán mejor.
Un nuevo ciclo de cultivos
Los cultivos de verano dejarán sitio en los bancales a nuevas plantaciones.

Puedes puedes seguir sembrando escarola, puerro, rúcula, zanahoria, nabo, acelga, lechuga de invierno… o trasplantar planteles de col, lombarda y demás hortalizas de invierno.
Blanquea escarolas, apios, cardos y endivias
Para que estas verduras resulten menos amargas no dejes que se pongan verdes. Unos cinco a siete días antes de recogerlas apórcalas, es decir, amontona tierra alrededor de las pencas y cogollos para que no les llegue la luz del sol.
Otra forma de blanquearlas es taparlas con paja o con un tiesto invertido.
El césped
Recuperar el césped agostado
Si la hierba ha sufrido con el calor del verano y la falta de agua puedes intentar recuperarla segándola con el corte bajo para que el sol de septiembre llegue hasta las raíces.
Dale abono potásico este mes y en octubre para preparalo para afrontar el estrés del frío.
Seguramente aparecerán calvas, ya que no todas las gramíneas que forman el césped suelen volver a brotar por igual; la resiembra es la solución para repararlas. Utiliza semillas de la misma especie.
A partir de este mes deberás espaciar la siega a dos o tres veces al mes.
También deberás regar menos: unas dos veces por semana.
Aplica un tratamiento antimusgo.
Y recuerda que, todo lo que necesites para poner a punto tus plantas y jardín este mes de septiembre lo encontrarás en nuestro Centro de Jardinería. ¡Te esperamos!
Jardinería Sánchez, vive en tu jardín.